En los colegios y universidades se adquieren muchos conocimientos los cuales ayudan para el desenvolvimiento diario en el trabajo y en la vida social de la cual se es parte. Pero, hay momentos en la vida en que, a pesar de todo ese caudal de información en nuestro cerebro, nos encontramos acorralados ante ciertas circunstancias porque no damos con la manera adecuada que nos pueda llevar a salir airosos. Si intentamos resolver conforme a nuestra propia prudencia, lo que conseguimos es empeorar las cosas, por lo que tenemos que desistir con esa alternativa y tratar otra y otra, llegando a la conclusión de que sin Dios nada somos y nada podemos hacer.
El entendimiento tan amplio que brinda la doctrina cristiana, encaja a la perfección con una educación clásica, es decir, si se pone en una mano el estudio de las cuestiones del mundo, tanto pasado como presente, y en la otra el contexto que Dios escoge para hablar de este mismo mundo, se estarán estudiando ambos, el mundo y la sabiduría de Dios, con lo cual puede entenderse a ambos, es decir, tener el conocimiento del mundo como escenario en donde se logre la persecución del conocimiento y, al mismo tiempo, de las normas y conocimiento de dicho mundo vistos a través de la Biblia, ya que ésta es reconocida como central al desarrollo de la civilización occidental y tiene gran impacto, justo por la profundidad y elocuencia con la cual expresa sus ideas.
En la Biblia, tenemos un canon que comprende los libros que Dios ha dirigido a la iglesia a través de su Espíritu Santo a reconocer como autoridad. La Biblia ha de ser vista como el libro del cual aprendamos el pensamiento de Dios. Él ha sido misericordioso en darnos las Escrituras como una guía en este proceso, para mantener nuestras mentes de la vastedad que de ellas tenemos que aprender. Su lectura no tiene por qué ser elitista o de difícil comprensión, sino que ha de ser entendida en el contexto histórico en el que fue revelada, porque Dios está íntimamente envuelto en el entero curso de la historia.
Reconocer entonces que en nosotros no está la solución es el principio de la victoria y en humildad, clamar al Dios del cielo por la sabiduría de lo alto, la cual da Dios a todo el que la pida. Solo reconoce tus limitaciones y tu necesidad de contar con Aquél que todo lo sabe y todo lo puede.
El mensaje cristiano tiene pertinencia para luchar con los problemas morales, sociales, económicos y políticos del mundo mediante el amor de Dios que puede renovar la vida y llevarla a su plenitud, por lo que, si se quiere cultivar una generación de jóvenes cuyo rostro sea reluciente y cambie la dureza de su semblante, nunca se debe olvidar exhortarlos a estudiar y recordar lo que el Señor ha hecho, ya que quien renuncie al estudio de las Escrituras, corre el riesgo de desarrollar pensamientos deformados de la verdad de Dios.
“La sabiduría del hombre hará relucir su rostro
y mudaráse la tosquedad de su semblante”
Ec. 8:1

1 comentario:
Les visito de El Salvador Centroamerica,desde mi blog www.creeenjesusyserassalvo.blogspot.com
COMPARTO MI TESTIMONIO PARA LA GLORIA DE DIOS.
RECIBAN MUCHISIMAS BENDICIONES DE NUESTRO PADRE CELESTIAL
Publicar un comentario